Ir al psicólogo ¡para algunos el gran dilema!

Por ahí dicen que no importa cuántas veces te caigas sino que te levantes o cómo me gusta decirle a mis     amigos cuando pasan un momento difícil “a limpiarse las rodillas y seguir adelante”. Definitivamente existen muchas soluciones a un mismo problema, más bien diría afortunadamente tenemos varias salidas a lo que creemos una calle ciega, por lo general tenemos familiares y amigos que nos apoyan y nos dan luces cuando creemos que no hay solución, algunas personas se apoyan en los deportes, la religión u otras disciplinas como el yoga o pilates, arte terapia, el baile y así hasta llegar incluso a alternativas menos tradicionales pero todas estoy segura útiles para mejorar nuestro estado de ánimo.

Sin embargo, y la parte lamentable diría yo es que en muchas ocasiones a quién más tardamos en acudir es al psicólogo, esa persona formada para orientar y acompañar en un proceso personal, ese mismo que entrena en el adecuado manejo de las emociones y por ende ayuda a aliviar nuestro malestar. Si bien es cierto que la mayor parte del tiempo acompañamos en momentos dolorosos o difíciles, también disfrutamos cada logro que alcanzan nuestros pacientes.

 Ahora bien, ¿de qué depende que una persona tome el impulso de acudir al psicólogo así como va al oftalmólogo?

 Hagamos la siguiente analogía. El oftalmólogo te ayudará a ver mejor las cosas que te rodean, ¿acaso el psicólogo no buscará lo mismo? A través de diferentes métodos o herramientas ambos buscarán que aclares tu manera de ver y/o entender lo que te sucede.

 Por otra parte, además de romper  los tabúes y prejuicios que hay con respecto a la ida al psicólogo (no estoy loco, ¿qué van a decir mis amigos?, etc.) existen dos elementos que una vez iniciado el proceso son muy importantes: la motivación y el compromiso, éstos son esenciales para cualquier persona que esté pensando en cambiar su comportamiento y mejorar su vida. El compromiso está relacionado con las actividades terapéuticas que se fijen en sesión (p, ej. Registros de pensamientos) La motivación al cambio que una persona posea durante el tratamiento, predice qué tan bien le irá luego de finalizar el mismo. Mientras más motivado estés más involucrado estarás en el tratamiento. Además, el nivel de compromiso y motivación al cambio influirá en cómo las personas terminan con éxito un tratamiento.

Es importante conocer que la motivación no es algo fijo, puede cambiar a lo largo del tiempo. Algunos días tu motivación puede estar alta por lo que completar las tareas que implica el tratamiento será “algo fácil”. Sin embargo algunos otros puede ocurrir que sea más difícil para ti completar los ejercicios. También hay que reconocer que factores externos pueden afectar tu motivación (p.ej. un mayor nivel de estrés en el trabajo, sentirte cansado o enfermo, etc.) y te impidan para involucrarte adecuadamente en los procedimientos que requiere el tratamiento.  En algunos puntos puedes sentir que no quieres cambiar, o que no vale la pena el tiempo y el esfuerzo, esto es completamente normal y es natural dentro del proceso de cambio. Es importante permitirte tener estos momentos.

TIP: Durante los momentos de baja motivación, puede ser de ayuda revisar las razones en pro y en contra  de realizar el cambio, así como las razones a favor y en contra de mantenerte como hasta ahora.

Particularmente me gusta decirle a mis pacientes que la terapia psicológica se trata de un trabajo colaborativo, es decir de ahora de adelante seremos un equipo y nuestro objetivo es tu bienestar emocional. ¡Ambos trabajaremos para lograrlo!

Psicóloga Gabriela Blanco

GABRIELA-BLANCO

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