Homosexualidad

Hoy quise hablar sobre un tema que personalmente me toca una de las fibras más profundas de mi ser…

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Desde pequeña he sabido y entendido que aquello que es distinto o diferente a nosotros parece que nos molesta. Que difícil se le hace al ser humano aceptar que no

todos somos iguales, que tenemos derecho a pensar y sentir distinto a otros.

Hoy escribiré sobre la homosexualidad, no desde lo teórico ni desde el punto de vista psicológico, sino a través de una historia de vida que quise compartir con ustedes, pues hablar con este ser tan especial me ha permitido flexibilizar mi pensamiento, entender desde la empatía y ampliar mi capacidad de amar.

Una historia nada fácil, difícil de digerir para muchos y que solo quien la vive a diario sería capaz de entender.

Aquí se las regalo…

Imagina cómo sería tu adolescencia orando a tu Dios cada noche antes de acostarte para amanecer sano al día siguiente; y no me refiero a un solo día, hablo de semanas, meses, miles de horas dedicadas al milagro de poder ser normal, tratando de entender la razón por la cual ese deseo tan anhelado no se hacía realidad.

¿Lo imaginas? Un niño en pleno desarrollo, sin entender lo que pasaba con su cuerpo, sin saber que simplemente era víctima de la naturaleza, tratando de darle sentido a los sermones de cada domingo donde se habla de la perfección de Dios, acto seguido miras dentro y haces conciencia que tú eres una de sus creaciones imperfectas.

Es extraño internalizar como algo especial evolucionaba en ti y hacia llenar de preguntas el bolsillo trasero de tu alma, y digo trasero puesto que en los delanteros se podía evidenciar lo prohibido, era mejor tener precaución y esconder.

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La mayoría de las veces por no decir siempre, las interrogantes que me trazaba la vida no tenían respuestas ni responsables; éramos en ese entonces mi biblioteca color marfil, mi cama de madera y yo. Aquellas paredes con textura eran quienes alojaban cada una de mis preguntas, mis dudas, mis lágrimas; me debatía entre lo tradicional, lo cultural y lo verdaderamente real. Tardé mucho en aceptar que así como los negros lo llevan en la sangre, yo también lo llevaba, yo nunca llegue a pensar que era negro, pero lo era. Fue por determinación propia que decidí, en ese momento, caminar entre espinas, y tratar de acostumbrarme a ellas, sentirlas y quererlas.

Un día me di cuenta, no sé si tarde, creo que justo cuando era, que no habían respuestas, no había nada que curar, solo tenía que vivir y hacerlo de una forma digna y transparente.

Ese trabajo hizo todo más fácil, los días más llevaderos, la razón menos importante y la felicidad más latente.

En este caso comprendí, que toda mi educación, que toda mi percepción del mundo, no estaba montada sobre un conjunto de frases provenientes de algún lado. Era yo, somos nosotros los que debemos darle un concepto a la razón, a lo que somos, de dónde venimos, ¿por qué razón debemos sentirnos forasteros en nuestro propio planeta?

Actualmente y desde siempre, la vida, la sociedad y la iglesia se han empeñado en deforestarnos, finalmente, es lo que nos ha hecho fortalecer la raíz de nuestros sentimientos y arraigarnos a este, que también es nuestro mundo.

Desnudar este estigma es de las acciones más forzadas y sufridas que puedan existir, pero exponer las heridas, a su vez, traduce la experiencia más significativa y evolucionada que se haya conocido.

Seguimos tratando de encajar en una sociedad anquilosada, dominada por la doctrina del pecado y de lo profano, aun así, seguimos evolucionando.

La vida no nos da lo necesario para enfrentar lo efímero de nuestras seguridades, pasamos la vida tratando de trasladar las inseguridades a algo más inseguro aún.

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A propósito de Gabo “Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”.

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Y es así como logro entender que:

Las apariencias suelen engañarnos. Es difícil lograr entender el testimonio y la experiencia de una persona homosexual hasta que logremos abrir nuestra mente y nuestro corazón a la idea de imaginar por un momento si esa situación la vivieras tú a diario, deberíamos preguntarnos:

¿podrías sobrevivir a tanta intransigencia social?¿Cuántas personas te aceptan y te quieren por lo que en realidad eres? ¿Serias capaz de ser honesto contigo mismo y aceptarte?

La invitación es a sensibilizarnos ante aquello que no podemos cambiar en los demás. A ser empáticos con el otro que siente y sufre igual o más que tú, a educar a la gente desde el amor y la comprensión.

¨Quisiera que mi hija viviera en una sociedad que tolere y respete la diversidad, y que principalmente aprenda a aceptar aquello que no puede cambiar…¨ homosexualidad

 

 MSc. Zujhairi León De Graham  

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